XXX domingo del Tiempo Ordinario. “Anda, tu fe te ha salvado”

 

XXX domingo del Tiempo Ordinario

“Anda, tu fe te ha salvado”

 

El Evangelio de Marcos nos presenta a Jesús saliendo de Jericó y a punto de comenzar su última etapa hasta Jerusalén. Antes se encuentra con Bartimeo, un hombre ciego, mendigo y sentado al borde del camino. Es un personaje marginal: no ve, vive de lo que le dan, y, además, está apartado, fuera de ese camino que es el “eje vertebrador” del Evangelio de Marcos.

Sus gritos luchan contra aquellos que le increpan para que se calle, pero él insiste, y Jesús lo oye, porque Jesús, como Dios, oye el grito de su pueblo y de cada uno de sus fieles. Jesús es sensible a ese clamor y se detiene. El ciego tira su manto, su única posesión y seguridad, salta a pesar de no ver, y entonces se produce el encuentro. Es necesario el encuentro personal y el diálogo, a través del cual Bartimeo expresa con sencillez el deseo de su corazón. No pide unas monedas, ni una palmadita, ni nada superficial. Va al grano y al centro de su sufrimiento. No hay sufrimiento pero que el de no saber por qué se sufre… y pide ver.

Jesús no hace nada especial, ni llamativo, ni extraordinario. Es la fe de aquel hombre la que posibilita la acción curativa de Dios.

Es tu fe, también hoy la que permite que el Señor siga haciendo obras grandes en tu vida, para que puedas ver y seguirle por el camino.

Un abrazo y feliz domingo.

Jesús Girón
Consiliario Regional
Equipos de Nuestra Señora | Región Levante y Murcia

 

 

Marcos 10, 46-52

Y llegan a Jericó. Y al salir él con sus discípulos y bastante gente, un mendigo ciego, Bartimeo (el hijo de Timeo), estaba sentado al borde del camino pidiendo limosna. Al oír que era Jesús Nazareno, empezó a gritar: «Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí». Muchos lo increpaban para que se callara. Pero él gritaba más: «Hijo de David, ten compasión de mí». Jesús se detuvo y dijo: «Llamadlo». Llamaron al ciego, diciéndole: «Ánimo, levántate, que te llama». Soltó el manto, dio un salto y se acercó a Jesús. Jesús le dijo: «¿Qué quieres que te haga?». El ciego le contestó: «Rabbuni, que recobre la vista». Jesús le dijo: «Anda, tu fe te ha salvado». Y al momento recobró la vista y lo seguía por el camino.


 

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