XXVIII domingo del Tiempo Ordinario. “Deja todo lo que te ata y sígueme”

 

XXVIII domingo del Tiempo Ordinario

“Deja todo lo que te ata y sígueme”

 

El Evangelio de Lucas de este domingo nos presenta un episodio con 3 escenas: el encuentro de Jesús con el joven rico, las palabras de Jesús sobre el peligro de las riquezas, y la promesa de Jesús a los discípulos que han dejado todo por seguirle.

En realidad el texto no se centra en la riqueza ni en la pobreza, sino en el seguimiento. Era la invitación más importante y necesaria que aquel joven pudo recibir. Y, probablemente, hubiera querido aceptarla, pero el apego a sus muchos bienes le impidió dar el paso que le habría permitido vivir la mayor aventura de su vida. Él buscaba una vida plena, y Jesús se la ofreció, pero prefirió seguir atado a sus bienes y al cumplimiento de las leyes.

Las riquezas no son ni buenas ni malas. Depende del uso que se hace de ellas y cómo se vive la relación con los bienes. Pero es verdad que atan más de lo que podamos imaginar, y no sólo las riquezas materiales, sino todo tipo de bienes que acaban convirtiéndose en apegos y nos impiden vivir en libertad.

Jesús hoy dirige su mirada de cariño hacia cada uno de nosotros y nos lanza de nuevo la misma invitación. “Deja lo que te ata y sígueme”. ¡Si oyes su voz, no lo dudes y síguele!

Un abrazo y feliz domingo.

Jesús Girón
Consiliario Regional
Equipos de Nuestra Señora | Región Levante y Murcia

 

 

Marcos 10, 17-30

Cuando salía Jesús al camino, se le acercó uno corriendo, se arrodilló ante él y le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?». Jesús le contestó: «¿Por qué me llamas bueno? No hay nadie bueno más que Dios. Ya sabes los mandamientos: no matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no estafarás, honra a tu padre y a tu madre». Él replicó: «Maestro, todo eso lo he cumplido desde mi juventud». Jesús se quedó mirándolo, lo amó y le dijo: «Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, dáselo a los pobres, así tendrás un tesoro en el cielo, y luego ven y sígueme». A estas palabras, él frunció el ceño y se marchó triste porque era muy rico. Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: «¡Qué difícil les será entrar en el reino de Dios a los que tienen riquezas!». Los discípulos quedaron sorprendidos de estas palabras. Pero Jesús añadió: «Hijos, ¡qué difícil es entrar en el reino de Dios! Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de Dios». Ellos se espantaron y comentaban: «Entonces, ¿quién puede salvarse?». Jesús se les quedó mirando y les dijo: «Es imposible para los hombres, no para Dios. Dios lo puede todo». Pedro se puso a decirle: «Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido». Jesús dijo: «En verdad os digo que no hay nadie que haya dejado casa, o hermanos o hermanas, o madre o padre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, recibirá ahora, en este tiempo, cien veces más —casas y hermanos y hermanas y madres e hijos y tierras, con persecuciones— y en la edad futura, vida eterna. Muchos primeros serán últimos, y muchos últimos primeros».


 

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