XXIX domingo del Tiempo Ordinario. “El Hijo del hombre ha venido a dar su vida en rescate por muchos”.

 

XXIX domingo del Tiempo Ordinario

“El Hijo del hombre ha venido a dar su vida en rescate por muchos”

 

El Evangelio de Marcos de este domingo nos presenta una escena muy llamativa.

Jesús continúa su camino hacia Jerusalén. Sus discípulos le siguen con sorpresa y con temor las cosas que van escuchando. Jesús ha realizado el tercer anuncio de su pasión, y, precisamente después, dos de sus discípulos más íntimos y cercanos se aproximan para hacerle una petición insólita e impertinente: quieren sentarse a su lado en su gloria.

Parece increíble que después de que Jesús comparta algo tan duro con ellos, le salgan con esa petición. Es como si hablaran lenguajes distintos, como si no se hubieran enterado de nada, como si no tuvieran sensibilidad para ponerse al lado de su maestro y acompañarle para seguir hasta el final. Quieren estar a su lado, pero por el interés de ocupar los primeros puestos, por vanagloria.

Jesús, con una paciencia y pedagogía impresionantes, se dirige a todos, a los que piden lo que no deben y a los que envidian y critican a los que expresan lo que sienten. Les invita a cambiar su forma de pensar y de vivir. La verdadera gloria no viene del poder ni del honor, sino de la capacidad para entregar la vida con libertad desde una actitud de servicio. Así lo va a hacer él, y de esa forma nos enseñará a todos cómo hay que vivir y morir si queremos ser discípulos de Jesús.

Un abrazo y feliz domingo.

Jesús Girón
Consiliario Regional
Equipos de Nuestra Señora | Región Levante y Murcia

 

 

Marcos 10, 35-45

Se le acercaron los hijos de Zebedeo, Santiago y Juan, y le dijeron: «Maestro, queremos que nos hagas lo que te vamos a pedir». Les preguntó: «¿Qué queréis que haga por vosotros?». Contestaron: «Concédenos sentarnos en tu gloria uno a tu derecha y otro a tu izquierda». Jesús replicó: «No sabéis lo que pedís, ¿podéis beber el cáliz que yo he de beber, o de bautizaros con el bautismo con que yo me voy a bautizar?». Contestaron: «Podemos». Jesús les dijo: «El cáliz que yo voy a beber lo beberéis, y seréis bautizados con el bautismo con que yo me voy a bautizar, pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, sino que es para quienes está reservado». Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra Santiago y Juan. Jesús, llamándolos, les dijo: «Sabéis que los que son reconocidos como jefes de los pueblos los tiranizan, y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos. Porque el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida en rescate por muchos».


 

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