XI Domingo del Tiempo Ordinario. “El Poderoso ha hecho obras grandes por mí”

 

 

XI Domingo del Tiempo Ordinario

“El Poderoso ha hecho obras grandes por mí”

 

El Evangelio de este domingo nos presenta dos parábolas de Jesús: la semilla que crece por sí sola y la semilla de mostaza.

La primera no es una llamada a la apatía, la irresponsabilidad o la negligencia, sino una llamada a la confianza en Dios. A nosotros, que deseamos controlar todos los aspectos de nuestra vida, se nos pide que hagamos un ejercicio de confianza y que seamos capaces de entregar las riendas de nuestra vida a Dios. Estamos llamados a sembrar con esfuerzo y responsabilidad, pero, además, se nos invita a entrar en la dinámica de la confianza y la paz, sabiendo que, al final, todo está en manos del Dios providente que nos cuida y nos da en cada momento aquello que más nos conviene.

La segunda parábola es una invitación a descubrir cómo las cosas de Dios se gestan en lo pequeño y de forma muy sencilla, sin grandes alharacas. Él se encargará, si es su voluntad, de hacerlas crecer para que den frutos buenos y abundantes, y para que también nosotros podamos decir con María: “El Poderoso ha hecho obras grandes por mí”.

Un abrazo y buen domingo.

Jesús Girón
Consiliario Regional
Equipos de Nuestra Señora | Región Levante y Murcia

 

 

Mc 4, 26-34

 

Y decía: «El reino de Dios se parece a un hombre que echa semilla en la tierra. Él duerme de noche y se levanta de mañana; la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. La tierra va produciendo fruto sola: primero los tallos, luego la espiga, después el grano. Cuando el grano está a punto, se mete la hoz, porque ha llegado la siega». Dijo también: «¿Con qué podemos comparar el reino de Dios? ¿Qué parábola usaremos? Con un grano de mostaza: al sembrarlo en la tierra es la semilla más pequeña, pero después de sembrada crece, se hace más alta que las demás hortalizas y echa ramas tan grandes que los pájaros del cielo pueden anidar a su sombra». Con muchas parábolas parecidas les exponía la palabra, acomodándose a su entender. Todo se lo exponía con parábolas, pero a sus discípulos se lo explicaba todo en privado.

 


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