Solemnidad del Corpus Christi“. Esto es mi cuerpo; ésta es mi sangre”.

 

 

Solemnidad del Corpus Christi

“Esto es mi cuerpo; ésta es mi sangre”

 

El evangelio de este domingo de Corpus nos presenta a Jesús preparando con sus discípulos la cena pascual. Es llamativo que sea Jesús el que prepara, el que prevé, el que dice cómo se ha de llevar a cabo todo. Esto muestra que Jesús no es víctima de unos acontecimientos que le pillan por sorpresa, sino que él se dirige libre y voluntariamente hacia la entrega de su propia vida.

A diferencia del Evangelio de Juan, los sinópticos sitúan la última cena en la cena de la Pascua. La Pascua es el paso de la esclavitud de Egipto a la libertad de la tierra prometida. El pan ácimo recuerda precisamente esa salida de Egipto presurosa que no dio tiempo a que fermentara. El vino avanza ya la entrada en la tierra prometida, cuyo primer fruto encontrado será precisamente la uva. Es sorprendente que no se hace mención al elemento fundamental de la cena pascual que era el cordero.

El evangelista da más relevancia al pan, que es símbolo de su misma vida partida y entregada por todos, y al vino que es símbolo de la nueva alianza. La alianza basada en sacrificios de animales ya no tiene valor. La nueva alianza significa que es Jesús mismo el que se ofrece y se sacrifica a sí mismo. Es él quien entrega su propia vida para que todos tengamos vida y la tengamos en abundancia.

Un abrazo y buen domingo.

Jesús Girón
Consiliario Regional
Equipos de Nuestra Señora | Región Levante y Murcia

 

 

Mc 14, 12-16.22-26

 

El primer día de los Ácimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le dijeron a Jesús sus discípulos: «¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua?». Él envió a dos discípulos diciéndoles: «Id a la ciudad, os saldrá al paso un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidlo, y en la casa adonde entre, decidle al dueño: “El Maestro pregunta: ¿Cuál es la habitación donde voy a comer la Pascua con mis discípulos?”. Os enseñará una habitación grande en el piso de arriba, acondicionada y dispuesta. Preparádnosla allí». Los discípulos se marcharon, llegaron a la ciudad, encontraron lo que les había dicho y prepararon la Pascua. Mientras comían, tomó pan y, pronunciando la bendición, lo partió y se lo dio diciendo: «Tomad, esto es mi cuerpo». Después tomó el cáliz, pronunció la acción de gracias, se lo dio y todos bebieron. Y les dijo: «Esta es mi sangre de la alianza, que es derramada por muchos*. En verdad os digo que no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día que beba el vino nuevo en el reino de Dios». Después de cantar el himno, salieron para el monte de los Olivos.


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