III Domingo de Pascua. ¿Por qué surgen dudas en vuestro corazón?

 

III Domingo de Pascua

¿Por qué surgen dudas en vuestro corazón?

El Evangelio de este tercer domingo de Pascua nos sitúa ante el encuentro de Jesús resucitado, que se presenta en medio de sus discípulos.

Lo primero que hace es ofrecerles la paz. El deseo de la paz es el saludo típico de los judíos. Con él, Jesús trata de devolver la paz interior a los que la han perdido después del trauma vivido.

Jesús muestra sus heridas en manos y pies para que puedan reconocerle. Además, las heridas visibles de Jesús son capaces de curar las propias heridas de los discípulos de entonces y de ahora. También nosotros llevamos nuestras heridas y cicatrices. Sólo él puede transfigurar esas heridas con el bálsamo de su amor y la fuerza de la resurrección.

Jesús les dice que todo aquello estaba ya escrito, es decir que formaba parte de un plan mayor, y que si Dios permitía el sufrimiento era sólo para que se pudiese descubrir toda la historia de amor que él iba tejiendo en la vida de Jesús y en la vida de aquellos hombres llamados a ser testigos de todo lo vivido.

Que este domingo podamos acoger la paz del corazón, superar nuestros miedos y dudas contemplando las heridas del resucitado, y experimentar que también nosotros formamos parte de esta historia de amor de la cual estamos llamados a ser testigos.

Un abrazo y buen domingo

Jesús Girón
Consiliario Regional
Equipos de Nuestra Señora | Región Levante y Murcia

 

 

Lc 24, 35-48

 

Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.
Estaban hablando de estas cosas, cuando él se presentó en medio de ellos y les dice: «Paz a vosotros». Pero ellos, aterrorizados y llenos de miedo, creían ver un espíritu. Y él les dijo: «¿Por qué os alarmáis?, ¿por qué surgen dudas en vuestro corazón? Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona. Palpadme y daos cuenta de que un espíritu no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo». Dicho esto, les mostró las manos y los pies. Pero como no acababan de creer por la alegría, y seguían atónitos, les dijo: «¿Tenéis ahí algo de comer?». Ellos le ofrecieron un trozo de pez asado. Él lo tomó y comió delante de ellos. Y les dijo: «Esto es lo que os dije mientras estaba con vosotros: que era necesario que se cumpliera todo lo escrito en la Ley de Moisés y en los Profetas y Salmos acerca de mí». Entonces les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras. Y les dijo: «Así está escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día y en su nombre se proclamará la conversión para el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Vosotros sois testigos de esto.

 


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