V Domingo de Cuaresma. “Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto”

 

V Domingo de Cuaresma

“Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto”

 

El Evangelio de este domingo nos sitúa en el capítulo 12 de Evangelio de Juan, es decir, al final del llamado “Libro de los Signos”. En él Jesús anuncia su glorificación a través de la muerte. El pasaje tiene dos escenas.

En la primera unos griegos quieren ver a Jesús. Jesús responde con un discurso en el que anuncia la hora de la glorificación, habla de la vida eterna, lanza una invitación a seguirle y participar de su gloria, pero, además, Jesús expresa también su angustia y se dirige al Padre con una oración.

La segunda escena la abre la voz del Cielo sobre la glorificación de Jesús, le sigue la reacción de la gente que no comprende qué había sucedido y concluye con la explicación de Jesús y la aclaración del narrador.

En el fondo, este pasaje podría ser la versión joánica de la oración de Jesús en Getsemaní, que sólo aparece en los sinópticos. En él podemos destacar tres puntos: el deseo de los griegos “queremos ver a Jesús” sigue siendo un deseo oculto en el corazón de muchos que, sin saberlo, buscan un sentido a su vida. La oración de Jesús “mi alma está turbada” refleja su humanidad al tiempo que nos invita a entrar en la voluntad del Padre, aunque a veces no comprendamos bien. Finalmente, las palabras de Jesús a la gente “esta voz no ha venido por mí, sino por vosotros” nos animan a estar atentos a los signos de Dios, que sigue hablando y haciéndose presente en medio de nuestras vidas para poner luz y para que descubramos su salvación y su gloria.

Un abrazo y buen domingo.

Jesús Girón
Consiliario Regional
Equipos de Nuestra Señora | Región Levante y Murcia

 

 

Jn 12, 20-33

Entre los que habían venido a celebrar la fiesta había algunos griegos; éstos, acercándose a Felipe, el de Betsaida de Galilea, le rogaban: «Señor, queremos ver a Jesús». Felipe fue a decírselo a Andrés; y Andrés y Felipe fueron a decírselo a Jesús. Jesús les contestó: «Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre. En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto. El que se ama a sí mismo, se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se guardará para la vida eterna. El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva, el Padre lo honrará. Ahora mi alma está agitada, y ¿qué diré? ¿Padre, líbrame de esta hora? Pero si por esto he venido, para esta hora: Padre, glorifica tu nombre».

Entonces vino una voz del cielo: «Lo he glorificado y volveré a glorificarlo». La gente que estaba allí y lo oyó, decía que había sido un trueno; otros decían que le había hablado un ángel. Jesús tomó la palabra y dijo: «Esta voz no ha venido por mí, sino por vosotros. Ahora va a ser juzgado el mundo; ahora el príncipe de este mundo va a ser echado fuera. Y cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí». Esto lo decía dando a entender la muerte de que iba a morir.

 


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