III Domingo de Cuaresma. “Destruid este templo, y en tres días lo levantaré”

 

III Domingo de Cuaresma

“Destruid este templo, y en tres días lo levantaré”

 

El Evangelio de este domingo III de Cuaresma nos presenta una acción simbólica de Jesús: la purificación del Templo de Jerusalén. Los evangelios sinópticos sitúan este relato en la última semana de la vida de Jesús. El Evangelio de Juan, sin embargo, lo coloca prácticamente al inicio de su ministerio.

Se trata de un relato teológico pero con una base histórica. El Templo de Jerusalén se consideraba el lugar de la presencia de Dios junto a su pueblo. En ese Templo se realizaban sacrificios y ofrendas. Por eso era necesario la presencia de vendedores de animales y de cambistas, ya que las monedas que se entregaban no podían ser de cualquier tipo.

Sin embargo, aquello que era algo necesario pero accesorio, se había convertido en algo central, de modo que el medio se convirtió en fin, y así se pervirtió el sentido original.

Es precisamente ese sentido original del Templo como lugar sagrado de presencia de Dios, de encuentro con él de una forma sincera y profunda lo que Jesús reivindica con este gesto, que no es fruto de un simple “calentón”, sino de su gran libertad para anunciar y denunciar aquello que se aleja del plan salvador de Dios.

Pero todavía hay más. Jesús habla del Templo de su cuerpo. Esto significa que Jesús sustituye al Templo. El cuerpo es lo que permite la relación con los demás. Con él comienza una etapa completamente nueva en la que la relación con Dios ya no pasa por los trámites y los sacrificios del Templo sino por el cuerpo de Jesús, entregado por amor y resucitado para que todos tengan vida y la tengan en abundancia.

Un abrazo y buen domingo.

Jesús Girón
Consiliario Regional
Equipos de Nuestra Señora | Región Levante y Murcia

 

 

Jn 2, 13-25

Se acercaba la Pascua de los judíos y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas; y a los que vendían palomas les dijo: «Quitad esto de aquí: no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre». Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: «El celo de tu casa me devora». Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron: «¿Qué signos nos muestras para obrar así?». Jesús contestó: «Destruid este templo, y en tres días lo levantaré». Los judíos replicaron: «Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?». Pero él hablaba del templo de su cuerpo. Y cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que lo había dicho, y creyeron a la Escritura y a la Palabra que había dicho Jesús. Mientras estaba en Jerusalén por las fiestas de Pascua, muchos creyeron en su nombre, viendo los signos que hacía; pero Jesús no se confiaba a ellos, porque los conocía a todos y no necesitaba el testimonio de nadie sobre un hombre, porque él sabía lo que hay dentro de cada hombre.


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