V Domingo del Tiempo Ordinario. Ponte al servicio de los demás.

 

V Domingo del Tiempo Ordinario

Ponte al servicio de los demás

El Evangelio de este domingo nos presenta el segundo signo milagroso de Jesús y relata lo que podía ser un día en la vida de Jesús, predicando, curando las dolencias de la gente y buscando momentos de intimidad con su Padre Dios.

La curación de la suegra de Pedro es un signo de la vida que Jesús quiere anunciar. Esa vida la anuncia y la trasmite siempre que hace falta, incluso cuando se trata de sábado, día de reposo obligatorio. En este signo podemos destacar tres gestos sencillos pero importantes. Primero, Jesús toma de la mano a la persona enferma, con lo que expresa su humanidad y su cercanía hacia la persona que sufre. En segundo lugar, Jesús la levanta, con lo cual se acentúa el protagonismo de Jesús, que con este verbo “levantar” está anticipando la verdadera curación de todos expresada en la resurrección. En tercer lugar, sorprende que nada más quedar curada, la suegra de Pedro se puso a servirles. No le dejaron tiempo ni para recuperarse… En el fondo, la persona que se ha encontrado con Jesús y ha experimentado su sanación está llamada a salir de sí misma y ponerse al servicio de los demás para dar gratis lo que gratis ha recibido.

Contempla a Jesús que te toma de la mano para curarte de tus fiebres y de tu postración, y te levanta para ponerte al servicio de los demás.

Un abrazo y buen domingo.

Jesús Girón
Consiliario Regional
Equipos de Nuestra Señora | Región Levante y Murcia

 

 

Mc 1, 29-39

Y enseguida, al salir ellos de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a la casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, e inmediatamente le hablaron de ella. Él se acercó, la cogió de la mano y la levantó. Se le pasó la fiebre y se puso a servirles. Al anochecer, cuando se puso el sol, le llevaron todos los enfermos y endemoniados. La población entera se agolpaba a la puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó muchos demonios; y como los demonios lo conocían, no les permitía hablar.

Se levantó de madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, se marchó a un lugar solitario y allí se puso a orar. Simón y sus compañeros fueron en su busca y, al encontrarlo, le dijeron: «Todo el mundo te busca». Él les responde: «Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí; que para eso he salido». Así recorrió toda Galilea, predicando en sus sinagogas y expulsando los demonios.

 


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