II Domingo de Cuaresma. “Este es mi Hijo, el amado; escuchadlo”.

 

II Domingo de Cuaresma

“Este es mi Hijo, el amado; escuchadlo”

 

El Evangelio de este domingo nos presenta un significativo episodio en el camino de los discípulos. Nos encontramos a mitad del Evangelio de Marcos, en el ápice del ministerio público de Jesús. Jesús acaba de anunciar su pasión y las exigencias para seguirle. El anuncio ha provocado una convulsión en sus discípulos. Jesús, con esa pedagogía que le caracteriza, toma a tres de ellos para que vivan una experiencia que les anime y les fortalezca en un momento de debilidad. La transfiguración es una epifanía, es decir, una manifestación de Dios. La montaña, la nube, la voz… ¡todo habla de Dios!

Con este acontecimiento tan peculiar Jesús muestra por adelantado el final glorioso de la resurrección, que Dios ha preparado a Jesús y a todos. Se trata del “spoiler” más importante de la historia. Sin embargo, su finalidad no es simplemente destriparnos el final de la peli, sino fortalecer, motivar y animar a los discípulos de entonces y de hoy a seguir caminando tras las huellas de Jesús, sabiendo que, a pesar de las dificultades que podamos encontrar en el camino, todo va a ir bien.

Un abrazo y buen domingo.

Jesús Girón
Consiliario Regional
Equipos de Nuestra Señora | Región Levante y Murcia

 

 

Mc 9, 2-10

Seis días más tarde Jesús toma consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, sube aparte con ellos solos a un monte alto, y se transfiguró delante de ellos. Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como no puede dejarlos ningún batanero del mundo. Se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús. Entonces Pedro tomó la palabra y dijo a Jesús: «Maestro, ¡qué bueno es que estemos aquí! Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías». No sabía qué decir, pues estaban asustados. Se formó una nube que los cubrió y salió una voz de la nube: «Este es mi Hijo, el amado; escuchadlo». De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús, solo con ellos. Cuando bajaban del monte, les ordenó que no contasen a nadie lo que habían visto hasta que el Hijo del hombre resucitara de entre los muertos. Esto se les quedó grabado y discutían qué quería decir aquello de resucitar de entre los muertos.


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