XXXIII domingo del Tiempo Ordinario

Confía en tu Señor

El Evangelio de este domingo nos presenta la famosa parábola de los talentos, cuyo objetivo no es tanto fijarnos en los bienes que hemos recibido (que también), sino en la relación que tenemos con Dios. Los talentos son los bienes que cada uno hemos recibido. Pero esos bienes no son simplemente nuestras cualidades. Son los bienes de Dios. De hecho, en la parábola dice claro que es el señor el que da sus bienes a los siervos.

¿Cuál es el problema del tercer siervo que escondió su talento y no dio fruto? Su gran drama es que piensa mal de su señor. Cree que es duro, exigente, que le va a poner una trampa. En el fondo tiene miedo de él. A veces nos sucede lo mismo con Dios. Muchas veces nos podemos bloquear y no avanzamos en nuestra relación con Dios porque nos situamos ante él con una actitud similar. ¡¡¡Pero Dios no es así!!! Es alguien que te ha dado sus dones: la comunidad, la Palabra, los sacramentos, el perdón del Señor que nos sana y nos restaura constantemente…

Dios no el que te exige sino el que te da, te da todo porque se fía de ti. Él te invita a salir de esa actitud de temor y de sospecha para entrar en la actitud agradecida de quien se sabe regalado y animado a dar fruto abundante, porque ha recibido de Dios mucho más de lo que podía imaginar

¡Un abrazo y buen domingo!

Jesús Girón
Consiliario Regional
Equipos de Nuestra Señora | Región Levante y Murcia

Mt 25, 14-30

«Es como un hombre que, al irse de viaje, llamó a sus siervos y los dejó al cargo de sus bienes: a uno le dejó cinco talentos, a otro dos, a otro uno, a cada cual según su capacidad; luego se marchó. El que recibió cinco talentos fue enseguida a negociar con ellos y ganó otros cinco. El que recibió dos hizo lo mismo y ganó otros dos. En cambio, el que recibió uno fue a hacer un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor. Al cabo de mucho tiempo viene el señor de aquellos siervos y se pone a ajustar las cuentas con ellos. Se acercó el que había recibido cinco talentos y le presentó otros cinco, diciendo: “Señor, cinco talentos me dejaste; mira, he ganado otros cinco”. Su señor le dijo: “Bien, siervo bueno y fiel; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; entra en el gozo de tu señor”. Se acercó luego el que había recibido dos talentos y dijo: “Señor, dos talentos me dejaste; mira, he ganado otros dos”. Su señor le dijo: “¡Bien, siervo bueno y fiel!; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; entra en el gozo de tu señor”. Se acercó también el que había recibido un talento y dijo: “Señor, sabía que eres exigente, que siegas donde no siembras y recoges donde no esparces, tuve miedo y fui a esconder tu talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo”. El señor le respondió: “Eres un siervo negligente y holgazán. ¿Con que sabías que siego donde no siembro y recojo donde no esparzo? Pues debías haber puesto mi dinero en el banco, para que, al volver yo, pudiera recoger lo mío con los intereses. Quitadle el talento y dádselo al que tiene diez. Porque al que tiene se le dará y le sobrará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Y a ese siervo inútil echadlo fuera, a las tinieblas; allí será el llanto y el rechinar de dientes”».


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