HENRI CAFFAREL. La Oración

20090402060332-oracion3Quiero proponerte la idea siguiente: que cesaran todas tus ocupaciones, durante media hora como mínimo y que la reservaras cada día para dedicarla únicamente a Dios. Podría ser para ti la gran experiencia de tu vida. Tienes que saber, que ello cambia la existencia del hombre, el acudir cada día a una cita con Dios.

Quizás estés lejos de sentirte atraído por esta idea. Y podrías objetarme: “¡Dios, si apenas le conozco! ¡Estoy seguro de creer en él!” La objeción no me detiene. Mientras busques conocer a Dios solo con tu cerebro, apenas avanzaras. ¿ Y si un buen día dejaras de discutir sobre Dios?.

¿Y si, durante media hora, cada día, trataras de conversar con él, o simplemente exponerte a su mirada como una sábana extendida al sol? Te aseguro que ocurriría algo. ¡Oh! nada de particular. Pero después de algunos días o algunas semanas, observarías un cambio en ti: menos inquietud, más calma, mejores relaciones con los otros. Probablemente también, una profundidad, cierta alegría de vivir. Y, sobre todo, Dios menos incierto y desconocido.

Y si tu perseveras, no tardaras en pensar como tantos otros: “No puedo dejarle pasar; ese tiempo cotidiano reservado a Dios se ha convertido en mi en una necesidad.” Si, rezar, es vital. Como es vital para el árbol extender sus raíces en tierra y para las flores de un ramo tener sus tallos en el agua. Como es vital para todo hombre respirar, comer, dormir…

El alma tiene también necesidades imperiosas como las tiene el cuerpo; si no son satisfechas, el alma decae. ¿Los hombres y las mujeres no estarían malhumorados y agresivos si su alma estuviera mal alimentada, y enferma? La oración alimenta el alma.

¿Todavía tienes dudas? ¿No será que tienes miedo de Dios? ¡Cuánta gente tiene miedo de Dios! No es de extrañar. El Dios que se les ha presentado no era ni atractivo ni tranquilizador. Pero veamos, si Dios ha creado la flor del sendero, no es para pisarla con el pie; si ha creado el corazón humano, ¿cómo no tomará infinitas precauciones?

Quiero decirte todavía una cosa más. ¿Y si Dios te espera? ¿Y si eres muy importante a sus ojos?

¿Le dejarías esperando en vano?

HENRI CAFFAREL

La Oración

Señales en el camino: Antología

 

Paco Nemesio y Maruja González

Castellón 2

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