Velada de la Virgen. El verbo de Jesús es entregarse

El verbo de Jesús es entregarse

El pasado 16 de mayo tuvo lugar la velada de la Virgen en la cual nos presentamos varias parejas que hemos pasado a formar parte de los Equipos de Nuestra Señora. Si tuviéramos que resumir en una palabra nuestras sensaciones de este día sin duda sería ese espíritu que ha presidido este año ENS: la acogida. La familia de los equipos ha sido precisamente esto para nosotros: una familia que nos ha abierto su hogar no sólo externa, sino también internamente. Que se ha entregado en pequeños y grandes detalles para que esta aventura que empezamos hace un tiempo, nos acercara más a Dios, a nivel personal y matrimonial. En nuestro caso, además, que entrábamos en un equipo ya formado, el sentimiento de apertura y de generosidad ha supuesto toda una experiencia nueva de comunidad.

Si los equipos nos han acogido como una familia, en esta velada de oración ofrendábamos en el altar de la Virgen de los Desamparados un hogar, en forma de edificio, confeccionado cuidadosamente (¡y con muchísimo arte!). Quizá en el sentimiento de entrega es donde radica la diferencia más importante entre una casa y un hogar, puesto que la entrega implica un elemento adicional y radicalmente conmovedor: el Amor.

Es por ello que la velada giró en torno a cuatro pilares: la acogida a Dios, al cónyuge, a la familia y a los demás. Una entrega profundamente cristiana, ya que se hace a la luz de la Fe y del amor del Señor. Esta entrega exige por nuestra parte la libre apertura a la voluntad de Dios, más allá de nuestras expectativas e intereses, de modo que nos transforme desde dentro.

Si la apertura al Señor nos convierte en tierra buena, la acogida en el matrimonio es el trabajo constante, el agua que favorece el desarrollo de la semilla en aquella tierra fecunda. En la velada se leyeron las palabras del Papa Francisco a los novios en el día de San Valentín. El Santo Padre recordaba cómo el amor se construye como una casa. Y no es un trabajo individual, sino conjunto, que conlleva una ayuda mutua al crecimiento. Esas palabras del Papa nos recordaron la importancia del deber de sentarse, de meditar en el matrimonio el estado del proyecto, los nuevos pasos a seguir. La importancia del proceso, no sólo del resultado final, y cómo en dicho proceso el matrimonio se va ayudando mutuamente a crecer como personas y como pareja.

Uno de los momentos más emotivos se produjo en la tercera parte: la dedicada a la acogida en familia. De nuevo las palabras del Santo Padre nos recordaron que la alegría en la familia es fruto del amor paciente que nace de la presencia de Dios. Decía el Papa Francisco que sólo Dios sabe crear la armonía de las diferencias. Y así, la presencia de Dios inspiró a los matrimonios que en voz alta dieron gracias al Señor por sus hijos. Para nosotros, que todavía no somos padres, fue un gesto enternecedor y a su vez de una gran fuerza. De algún modo los padres elevaban de nuevo al cielo aquello que les ha sido dado, y que ellos han recibido con amor y con el compromiso firme de acoger como familia la voluntad de Dios.

IMG_8053 - Versión 2El último pilar fue la acogida al otro. La acogida desde el punto de vista de la Fe no se limita a la necesaria solidaridad que nace del corazón humano. Va más allá. El débil, el necesitado es reflejo de Dios. Por ello, la acogida cristiana del prójimo adquiere un sentido cualificado. Así lo explicaba el sacerdote en la homilía. Acoger no es sólo abrir nuestras casas. Acoger va mucho más allá, es adelantarse incluso a las necesidades de los demás, renunciar a nuestras propias comodidades con alegría por amor y desde el Amor. Es pues, salir de uno mismo y entregarse a los demás. En la homilía se nos repitió que el verbo de Jesús es entregarse. Precisamente éste es el reverso de la acogida: recibir abriendo nuestra vida a los demás para terminar dándonos hasta allá dónde alcancemos.

Decíamos al principio de estas líneas que este año en los equipos nos había enseñado el sentido de comunidad. El día de la velada de oración comprendimos que también habíamos vivido una verdadera experiencia personal de entrega. Y así, una vez terminada la homilía, cuando nos llamaron para presentarnos a la Virgen de los Desamparados, ese sentido que de algún modo habíamos comprendido de forma más profunda, lo pusimos ante nuestra Madre. Esperamos que ella nos guíe a todos en el próximo curso ENS y en todos los que han de venir.

Rosa y Pablo. Torrent 27.

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