Celebración penitencial. Tiempo de Barrer la casa…

Tiempo de Cuaresma, tiempo de preparación para la Pascua, tiempo de barrer la casa, tiempo de reconciliarnos con Dios y con el hermano.

La Región nos ofreció una Celebración Penitencial el día 7 de Marzo, en el Pouet.

No sé si vamos con miedo o con alegría. No sé si pensamos que no la necesitamos, o que tenemos reciente la de los Ejercicios. No sé. Lo cierto es que esa tarde, esa bendita tarde, nos juntamos poco más de veinte personas. Y alguien también cayó por casualidad, un poco descolocado, sin saber con certeza lo que iba a celebrarse allí. “No es una Eucaristía, es una celebración penitencial para el perdón de los pecados” le dijeron. “¿Pecados? Yo no tengo ¿eh? Pero, ¿me puedo quedar?” Una sonrisa comprensiva y, como siempre, acogida. Acogida al hermano.

Cuatro dominicos a nuestra disposición, todo un lujo. Pienso que había más, pero se debieron retirar. Como si Jesús mismo hubiese llegado para nosotros esa tarde. La guitarra y los cantos iban dulcemente ambientándonos.

228Se proclamó el evangelio de la mujer adúltera (Jn 8,1-11) y, Javier Garzón, consiliario que presidía la celebración, de manera muy pedagógica y paciente fue poniendo delante de nosotros las distintas situaciones y actitudes que vivimos, como los acusadores de la mujer, qué clase de piedras acusadoras llevamos en nuestra manos. Piedras contra Dios, piedras contra uno mismo y piedras contra el hermano.

En medio de la asamblea, una cesta llena de piedras negras, grandecitas. Se nos invitaba a cogerlas para ayudarnos a hacer nuestro examen de conciencia. Pudimos elegir una y sopesarla. Sentir el dolor del peso. Mirarla y establecer un dialogo íntimo profundo con ella. Confesar. Y devolverla otra vez a la canastilla. Con tranquilidad pudimos revivir la escena en la que Jesús, como acusadores, nos pone en evidencia, y como pecadores, nos ofrece su perdón.

Nuevamente viene otra palabra, ésta vez del Apocalipsis (Ap 2,17), que nos habla de algo que se nos entrega personalmente, una piedrecita blanca, con una acción, como indican los nombres judíos: “escucha”, “abraza”, “sigue”, “perdona”… que nadie conoce sino el que lo recibe, para guardarla como regalo del Señor.

Una celebración hermosísima, profunda, que vino en ayuda nuestra. Un regalo.

María Nieves (Equipo V-89)

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